Escala la pelea en la CGT por la violencia en Congreso y la relación con Milei
La actitud de Pablo Moyano en la movilización contra la Ley Bases desató acusaciones y pases de factura en la interna sindical.
La palabra "traición" resonó con fuerza en los pasillos del mundo sindical tras la violencia que estalló el último miércoles durante la marcha contra la Ley Bases frente al Congreso. Las sospechas y acusaciones cruzadas han exacerbado la tensión que divide a la CGT entre los grupos alineados con Pablo Moyano y el kirchnerismo, quienes promueven la confrontación total con la administración de Javier Milei, y los sectores mayoritarios que buscan una tregua con el gobierno. Aunque ambas facciones lo niegan, el punto de quiebre interno parece inevitable.
Acusaciones y Sospechas
Los graves incidentes en la movilización acentuaron las diferencias. Pablo Moyano, número dos de Camioneros y único miembro del triunvirato cegetista que llamó a marchar pese a la decisión de la cúpula sindical de tomar distancia de la protesta, fue el primero en hablar públicamente de traición. "Los senadores del PJ que votaron en favor de la Ley Bases traicionaron los principios del peronismo", lanzó Moyano.
Sin embargo, su denuncia se convirtió en un bumerang cuando surgieron sospechas sobre su comportamiento durante la manifestación. Moyano decidió retirarse del lugar junto a los manifestantes de su gremio una hora antes de que estallara la violencia en las inmediaciones del Congreso, pese a haber prometido permanecer allí durante toda la sesión del Senado. "Estaba avisado desde el día anterior que a las 15 la situación se iba a complicar", señaló un importante dirigente cegetista a Clarín, sugiriendo que Moyano fue alertado por sectores vinculados a los servicios de inteligencia.
Reproches y Malestar
La actitud de Moyano desató un malestar generalizado entre otros grupos sindicales (varios gremios K, de la CTA, movimientos sociales y agrupaciones de izquierda) que también se movilizaron frente al Congreso y quedaron en medio de los incidentes tras la retirada del dirigente camionero. Dentro de la cúpula de la CGT, las críticas no tardaron en llegar. Andrés Rodríguez, secretario adjunto de la central y líder de UPCN, expresó abiertamente su desaprobación: "Quedó demostrado que no teníamos por qué movilizar y menos mezclándonos con otros sectores que nada tienen que ver con nosotros".
La queja de Rodríguez refleja el sentir de los grupos mayoritarios de la conducción sindical, que apuestan por profundizar los canales de diálogo abiertos con la gestión Milei y avanzar hacia una tregua. Esta posición se nutre de ciertos guiños obtenidos en conversaciones formales y encuentros reservados con funcionarios del Gobierno para destrabar reclamos por la distribución de fondos de las obras sociales. Hugo Moyano también percibió esta apertura en las reuniones donde logró avanzar en la revisión de la negociación salarial de Camioneros la semana pasada.
Esfuerzos de Diálogo
En la CGT destacan los esfuerzos dialoguistas del jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y del asesor de Milei, Santiago Caputo, así como las gestiones de Julio Cordero, al frente de la Secretaría de Trabajo. Con ellos, los sindicalistas esperan resolver un tema central: la incorporación en la Ley Bases de un artículo que penaliza los bloqueos sindicales y tomas de fábricas. "Podrá configurar grave injuria laboral, como objetiva causal de extinción del contrato de trabajo, la participación activa en bloqueos o tomas de establecimiento", señala el artículo 242 del proyecto aprobado por el Senado.
La CGT había logrado excluir esta medida de la media sanción original de la Cámara baja y ahora negocia con funcionarios y aliados legislativos, como Miguel Pichetto, que el artículo sea eliminado definitivamente de la ley. "Hay voluntad de resolver algunas cuestiones, esperamos que esto también quede afuera", dijo a Clarín uno de los sindicalistas involucrados en las negociaciones.