Presupuesto 2025: ¿Es el ajuste extremo la solución para la crisis argentina?
El proyecto de Presupuesto 2025 presentado por el gobierno de Javier Milei ha desatado un debate intenso en todos los sectores políticos y económicos de Argentina. Con promesas de ajustes fiscales, reducciones drásticas en el gasto público y proyecciones de crecimiento ambiciosas, muchos se preguntan si este plan es realista o simplemente una repetición de políticas fallidas del pasado.
El ajuste fiscal en el centro del debate
Uno de los pilares del presupuesto de Milei es la implementación de una regla fiscal estricta, con la promesa de mantener un superávit primario y frenar el crecimiento del gasto público. Sin embargo, este ajuste, que en apariencia busca sanear las cuentas del Estado, pone en riesgo áreas clave como la educación, la ciencia y la salud.
Blindaje fiscal
Como lo denominó el propio Milei, implica que en caso de una caída en la recaudación, los gastos se ajustarán automáticamente. Y aunque el gobierno asegura que las jubilaciones no serán tocadas, el resto de las partidas discrecionales, como la inversión en educación y salud, sí estarían sujetas a estos recortes. Esto deja a sectores esenciales en una situación vulnerable y recuerda peligrosamente a la Ley de Déficit Cero de 2001, que terminó profundizando la crisis en lugar de resolverla.
Proyecciones optimistas o fuera de la realidad
El crecimiento económico proyectado del 5% y una inflación del 18,4% para 2025 han sido ampliamente criticados por economistas y analistas. Mientras el gobierno plantea un rebote económico gracias a nuevas inversiones y una mejora en las exportaciones, expertos como Hernán Letcher destacan que estas cifras parecen más una "expresión de deseo" que un reflejo realista de las condiciones económicas actuales.
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA)
CEPA coincide en que los ingresos proyectados por derechos de exportación están sobreestimados, mientras que la inflación está claramente subestimada. Si bien el gobierno espera un aumento del 100% en los ingresos por exportación, el consenso de economistas sugiere que un incremento más razonable sería del 38,9%. Esta brecha entre lo proyectado y lo que se espera realmente pone en riesgo la sostenibilidad del presupuesto y podría derivar en más ajustes a medida que avancen los meses.
El impacto social de los recortes
Uno de los puntos más críticos del presupuesto de Milei es el ajuste en el gasto social. A pesar de prometer que las jubilaciones no se verán afectadas, la realidad es que el gasto en asistencia previsional caerá del 7,8% del PBI en 2023 al 6,1% en 2025.
El desfinanciamiento no se limita a las jubilaciones: también se prevé una reducción en los salarios de la administración pública, que seguirán perdiendo poder adquisitivo, y un ajuste en la asistencia social. Además, el gasto en educación y ciencia, sectores vitales para el desarrollo a largo plazo del país, también sufrirá recortes.
El presupuesto suspende la Ley de Financiamiento Educativo, lo que significa que las inversiones en este ámbito no podrán superar el 6% del PBI, afectando directamente a las universidades y los programas de investigación.
¿Un camino sin salida?
El Presupuesto 2025 de Javier Milei se presenta como la solución para corregir los desequilibrios fiscales de Argentina, pero al profundizar en los detalles, las inconsistencias y los riesgos se vuelven evidentes. La historia reciente de políticas de ajuste extremo, como la de la Ley de Déficit Cero, ha demostrado que estas medidas tienden a agravar los problemas sociales y económicos en lugar de resolverlos.
Las proyecciones optimistas de crecimiento económico y control de la inflación parecen desconectadas de la realidad, y los recortes en áreas sensibles como la educación, salud y asistencia social solo profundizarán la desigualdad. En lugar de apostar por un presupuesto que garantice el desarrollo sostenible y la inversión en el capital humano, Argentina parece encaminarse hacia un ajuste que pone en riesgo el bienestar de la mayoría de su población. La pregunta que queda en el aire es: ¿podrá el país soportar un nuevo ciclo de ajustes drásticos sin caer en una crisis aún mayor?